Marcos Vega
- Horror cósmico
- Ciencia ficción
- Sobrenatural
- Ficción extraña
Vivimos en compañía de inseguridades, para morir en compañía de arrepentimientos. Rompe el patrón.
Más que un escritor en el sentido común del término, Marcos Vega gusta por describirse a sí mismo como un viajero de realidades inexploradas. Más que un ingeniero, prefiere definirse como un ser creativo y en constante aprendizaje. Su obra debut, Fisura Interdimensional, es mucho más que un relato de Horror Cósmico y Ciencia Ficción. Es un rompecabezas íntimo en el que cada pieza transmite en su esencia fragmentos de su infancia misma, la fortaleza, ternura y sacrificio de sus padres de crianza, y los ecos de los lugares que marcaron su niñez. Detrás de cada línea se esconde el pulso de un hijo que honra a sus padres y de un adulto que se nutre bajo los frutos de la creatividad como un medio de revelación para convertir la pérdida en un faro de esperanza. Influenciado por la oscuridad estética de H. P. Lovecraft, el arte de H. R. Giger, las criaturas de Stan Winston y las atmósferas de Anne Rice, Marcos ha encontrado amor en tejer un universo único e inexplorado en donde lo humano se vuelve efímero frente a lo indescriptible y fundamental. Gracias a su formación en ingeniería, ha sido capaz de encontrar en el código y en la narrativa un mismo arte: funciones y textos que al final revelan su verdadero sentido cuando se integran en un todo coherente. Esa mirada estructurada, pero a la vez sensible, es la que dio forma a su novela, escrita como quien conecta la lógica digital y el abismo cósmico. Para Marcos el Horror Cósmico, más que un género, es una manera de evidenciar la arrogancia humana y dar cabida a la aceptación de que somos apenas una mínima fracción dentro de algo inmensamente mayor. Su escritura invita al lector a recordar que quizás no somos los observadores del universo, sino los observados. Marcos tiene la iniciativa de llevar esta historia a convertirse en saga, expandiendo los límites de su universo literario hacia nuevas fronteras. Pero más allá de eso, permanece en su propósito fundamental el devolver a quienes se aventuran a leerlo, la olvidada capacidad de maravillarse, de reencontrar su imaginación sepultada en el mar gris de la rutina y, tal vez, de intuir que la muerte no es un final, sino la antesala de otra forma de existencia.
